CIUDADANISMO

C's de Castelldefels

Estado Estadio-Arcadi Espada, El Mundo (15/5/2009))

Arcadi Espada

Arcadi Espada

Ni un sólo político, o asimilados, se levanta en España para decir, à la Sarkozy, que la próxima vez que silben el himno se acabará el partido. El último octubre nuestro presidente de la República se enfrentó a la máxima autoridad de la época, el Estadio, y amenazó con cerrarlo si en él se producían agresiones simbólicas o reales contra la idea más o menos general de Francia, para decirlo en términos gaullistas. Naturalmente recibió enseguida su merecido: «El Estadio es el último reducto de libertad», llegó a producir un parisién. En España nadie piensa en estas cosas. ¡Quia, pensar en España! La reacción española ante los silbidos del Estadio no ha sido advertir de su cierre sino echar a la calle a un jefe de Deportes al que no le dio la gana de amplificar los abucheos del vulgo. ¡Y cómo lo han echado…! El jefe de la televisión, a fin y efecto de ponerse en su sitio (¡y ahí seguir indemne!) ha calificado el suceso de gravísimo. El suceso es el enfoque, no los insultos; como es el dedo y no la luna.

A partir de su ejemplo ha venido el resto de guardianes de la libertad de expresión, encabezados por la señora Mtfdlv y sus hábitos. La invocación de esa libertad es puramente extraordinaria en el caso que nos ocupa, porque confiere a los hechos un carácter político, de protesta contra el Rey de España y España misma. ¿Es que acaso el Rey hizo ayer algo? ¿Un golpe de Estado, por ejemplo? ¿Y España? ¿Ha hecho algo últimamente, el animalito? Nada. Por no dar, España no ha dado siquiera la sentencia constitucional al Estatuto, no sea que el Estadio vaya a irritarse. ¿Entonces? Por supuesto, dirían, la protesta es ontológica. Contra el Rey y contra España: por ser. Será ontológica, pero sobre todo es ilógica. ¿Cómo van a gritar contra España y contra el Rey de España los seguidores de dos equipos que acceden a jugar la Liga de España y, lo que es aún más contundente, a jugar una competición que tengo entendido se llama la Copa del Rey, y que el Rey mismo deja en las manos del más fiero de los vencedores a la conclusión? No. Aquí hay un malentendido espectacular. Dos equipos, con su séquito de directivos, jugadores y fanáticos, que estuvieran dispuestos a protestar políticamente contra España abandonarían de inmediato la competición española (ecs) y se negarían a jugar y a vencer bajo la advocación del Rey (puaj). Y haciéndolo consumarían una contundente protesta política de la que en modo alguno la cadena pública podría desentenderse.

Ahora bien, mientras eso no suceda, es decir, mientras la premisa mayor no se cumpla, los insultos están fuera del foco político, son la mera expresión del gamberrismo y nadie, invocando la causa de la libertad de expresión, puede colocar la sintaxis del gamberro en el prime time. Nadie con cerebro y pelotas.

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Sab, 16 mayo 2009 » Política Catalana, Política Española, Resumen de Prensa